miércoles, 18 de marzo de 2009

FÉ Y CIENCIA


Dios y la ciencia
Pregunta:. Son muchos los que piensan que la fe en Dios no puede casarse con la fe en la ciencia. ¿Qué opinan de esto? ¿Son mayoría o minoría los científicos creyentes?
Respuesta: Una de las cosas más llamativas de los últimos años en relación a la ciencia es el cambio que en ella se ha detectado respecto de la cuestión de Dios. Ya quedan atrás los tiempos en los que se usaba la ciencia contra la religión. Siglos atrás se defendía el determinismo más absoluto, pensando que la ciencia podría explicarlo todo, controlarlo todo y prescindir, lógicamente, de Dios. Uno recuerda los tiempos en los que se usaba la teoría de la evolución como arma contra la fe en Dios.

Las cosas han cambiado mucho. La filosofía actual parece una crisis de la que le costará levantarse, y ya no rige el ateísmo combativo de los Feuerbach, Marx, Freud, Niezsche y Sartre, sino el agnosticismo, propiciado por una filosofía que no conduce a ninguna parte. Ahí está la analítica del lenguaje como ejemplo. La filosofía, hoy en día, ya no ataca ni defiende a la religión, sencillamente porque ha perdido vigor, y reina en ella el escepticismo y la tristeza.
Pero es precisamente en la ciencia donde las cosas han cambiado a mejor, según mi parecer. De aquella ciencia arrogante del XVIII no queda ya nada, y la ciencia se está haciendo cada vez más humilde y abierta al problema de Dios.
Del Bing-Bang a la evolución
Uno de los elementos que más silencio y admiración están produciendo en el científico de hoy es el del Big Bang, la explosión inicial que ha dado origen al mundo de hoy. Los físicos han viajado a este momento inicial, el "tiempo cero" del estallido que ha dado origen a la expansión de las galaxias. Ello tuvo lugar en una fracción casi inimaginable de segundo, en la cifra equivalente a 10 de segundo, es decir, la cifra 1 precedida de 43 ceros. Y en este momento inicial todo estaba compuesto por una esfera que tenía el diámetro de 10 , millones y millones de veces más pequeña que el diámetro de un núcleo de átomo. Pues bien, todo el mundo actual procede de ese instante y de esa esfera.
Y las preguntas son ahora inevitables para los científicos: ¿qué había antes de ese momento inicial? ¿Es la creación? ¿Quién puso esa fuerza expansiva y la programó de tal modo que, si el más mínimo elemento hubiese fallado, habría conducido al más espantoso de los caos?
Si entramos ahora en el campo de la evolución, cada vez más los científicos se asombran del orden que reina en toda ella. Se han hecho cálculos para explicar el origen de una célula viva que está compuesta por una veintena de aminoácidos. Pero la función de los mismos depende de unas 2000 encimas específicas. Se ha calculado la probabilidad de que un millar de encimas diferentes se una para formar una célula viva y ello de la cifra de 10 . En palabras de F.Crick, premio Nobel de biología por el hallazgo del ADN, un hombre honesto tendría que aceptar que el origen de la vida se debe a un milagro.
Ya lo había dicho Pasteur en su tiempo: "Poca ciencia aleja de Dios. Mucha acerca a Él". Y no deja de ser curioso que la teoría de la evolución, usada en su día contra la fe, sólo se puede explicar en sus factores últimos si se cree en Dios. Su mano ordenadora explicaría lo que, de otro modo, quedaría sin explicación, toda vez que los científicos no encuentran una explicación suficiente. Ni la teoría de Darwin, hoy casi olvidada, ni la moderna teoría sintética que coloca en las mutaciones genéticas la causa del cambio de las especies, explican mucho. Las mutaciones genéticas que se conocen no cambian de especie, afectan sólo a caracteres secundarios y suelen ser regresivas. Hoy en día hay que creer en Dios para Explicar la evolución.
La fe de los científicos
Es un hecho que la mayoría de los científicos han sido creyentes. Lo fueron científicos clásicos como Copérnico, Galileo, Kepler, Newton, Lineo, Cuvier y Pasteur. Y han sido también creyentes los grandes de la física cuántica: Planck, Schrodiger, Heisenberg, Jordan, Von Braum y otros. Los científicos ateos, como Monod o Hawking, son una minoría.

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